Iván Cepeda, llevó a Uribe al banquillo y ahora aspira a la Presidencia de Colombia

Iván Cepeda, llevó a Uribe al banquillo y ahora aspira a la Presidencia de Colombia

El candidato del Pacto Histórico para 2026 ha construido su carrera sobre la denuncia de crímenes de Estado, su rol como facilitador de paz y un histórico pulso judicial con el expresidente Álvaro Uribe, que le ha valido tanto reconocimiento como una férrea oposición.

BOGOTÁ — Cuando Iván Cepeda Castro (Bogotá, 1962) era apenas un niño de tres años, su familia emprendía el primero de varios exilios. Aquella huida a Praga primero, y a La Habana después, marcada por la invasión del Pacto de Varsovia a Checoslovaquia, fue el preludio de una vida signada por el desplazamiento forzado y la violencia política . Décadas después, ese hijo de militantes comunistas se ha convertido en el azote judicial del expresidente Álvaro Uribe y en el candidato presidencial del oficialismo para las elecciones de 2026, en una de las trayectorias políticas más singulares y polarizantes de la Colombia contemporánea.

Filósofo formado en la Universidad de Sofía (Bulgaria) y con una maestría en Derecho Internacional Humanitario por la Universidad Católica de Lyon (Francia), Cepeda no llegó a la primera línea política por el carrerismo tradicional, sino empujado por la tragedia . El asesinato de su padre, el senador de la Unión Patriótica Manuel Cepeda Vargas, a manos de agentes del Estado en complicidad con paramilitares el 9 de agosto de 1994, marcó un punto de inflexión. Ese día, el académico se transformó en un incansable buscador de justicia.

"Tuve que elegir entre la venganza y la legalidad", confesó años después. Esa elección lo llevó a fundar el Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado (Movice) y a convertirse, primero desde el activismo y luego desde el Congreso, en un investigador implacable de los vínculos entre políticos, empresarios y grupos paramilitares .

El facilitador de paz

Su llegada al legislativo se produjo en 2010 como Representante a la Cámara por Bogotá, con una de las votaciones más altas de su entonces partido, el Polo Democrático. Desde esa curul, y posteriormente como Senador desde 2014 —reelegido en 2018 y 2022—, Cepeda ha ejercido un papel doble que define su perfil: el de congresista de control político y el de gestor de paz .

Lejos de los focos del escándalo judicial con Uribe, Cepeda ha sido una pieza discreta pero fundamental en los procesos de paz de las últimas dos décadas. Entre 2012 y 2016 actuó como facilitador del gobierno de Juan Manuel Santos en las conversaciones con las FARC-EP en La Habana. Desde 2015, y hasta la fecha, ha mantenido ese rol con el Ejército de Liberación Nacional (ELN), además de mediar en el fallido sometimiento del Clan del Golfo . Esta labor le ha valido el respaldo de sectores sociales y de víctimas, pero también una sombra que lo persigue en cada campaña: la de ser señalado por sus detractores como "heredero político de la guerrilla".

La controversia ha resurgido con fuerza en el actual contexto electoral. Una fotografía tomada en mayo de 2017 en La Habana, donde aparece junto a miembros del antiguo secretariado de las FARC y del comando central del ELN, ha sido reciclada en redes sociales para sugerir un vínculo político actual . Sin embargo, la imagen, verificada por medios como Colombiacheck, corresponde a una reunión de trabajo en el marco de los diálogos de paz, con el aval del gobierno Santos y con la participación de otros facilitadores y garantes internacionales . Cepeda ha respondido con demandas penales contra quienes lo vinculan con grupos armados, y reitera que no existe ningún proceso judicial abierto en su contra por tales acusaciones .

El pulso con Uribe: de la denuncia a la historia judicial

Si hay un hito que ha definido su carrera pública, es el enfrentamiento con el expresidente Uribe. El origen se remonta a 2012, cuando Cepeda citó a un debate en el Congreso donde expuso testimonios de exparamilitares que señalaban a Uribe y a su hermano Santiago como fundadores del Bloque Metro de las Autodefensas en la Hacienda Guacharacas, Antioquia .

La respuesta de Uribe no se hizo esperar: denunció a Cepeda por manipulación de testigos ante la Corte Suprema. Lo que siguió fue un "bumerán" judicial de trece años. En 2018, la Corte no solo archivó la investigación contra Cepeda por falta de pruebas, sino que abrió una pesquisa contra Uribe por presuntamente intentar sobornar a exparamilitares —a través de su abogado Diego Cadena— para que declararan en su contra y desacreditaran al senador .

El caso escaló hasta convertirse en el proceso judicial más sonado contra un expresidente en la historia de Colombia. En agosto de 2020, Uribe sufrió una breve detención domiciliaria. En julio de 2025, la jueza Sandra Heredia lo condenó en primera instancia a doce años de prisión por soborno y fraude procesal . Sin embargo, en un giro que refleja la complejidad del sistema judicial, el Tribunal Superior de Bogotá revocó la condena y absolvió al exmandatario en octubre del mismo año .

Lejos de dar el capítulo por cerrado, Cepeda, en calidad de víctima dentro del proceso, ha anunciado que apelará la decisión ante la Corte Suprema. "Esto no se borra", afirmó a la BBC tras la condena en primera instancia. "La condena de un juez es algo que no se borra así haya una apelación que prospere. Uribe ha sido puesto en evidencia" .

El legislador y el candidato

Paralelamente al ruido del caso Uribe, Cepeda ha forjado una carrera legislativa que le ha valido el reconocimiento recurrente como uno de los mejores congresistas según encuestas de opinión . Es autor de la Ley 1719 de 2014, pionera en la lucha contra la impunidad en casos de violencia sexual en el marco del conflicto armado . Ha liderado más de cuarenta debates de control político, destapando escándalos como las 'chuzadas' del DAS durante el gobierno Uribe o las condiciones inhumanas del sistema carcelario .

Su labor también tuvo eco internacional: en 2010, la Corte Interamericana de Derechos Humanos condenó al Estado colombiano por el asesinato de su padre, reconociendo que se enmarcaba en el exterminio de la Unión Patriótica, un fallo histórico para las víctimas de ese partido .

Hoy, con 63 años, Cepeda se enfrenta a su mayor reto: la Presidencia de la República. Tras ganar la consulta interna del Pacto Histórico en octubre de 2025 con más de 1,5 millones de votos, y con la fórmula vicepresidencial de la líder indígena Aida Quilcué, el senador se presenta como el continuador del proyecto del presidente Gustavo Petro .

En sus primeras entrevistas como candidato oficial, ha modulado su discurso para intentar conquistar el centro. Habla de promover un "capitalismo productivo" que no ataque al sector empresarial, se muestra partidario de una Asamblea Nacional Constituyente y rechaza de plano la explotación de yacimientos no convencionales mediante fracking .

"El uribismo, que gira en torno a un caudillo, no está entendiendo que ya estamos en otro país", declaró tras la condena a Uribe, consciente de que la polarización con la derecha será el eje de la campaña .

Su carrera, forjada en el dolor del exilio y el asesinato de su padre, y templada en debates y querellas judiciales, llega ahora a la prueba definitiva. Iván Cepeda, el hombre que puso en jaque al poder más tradicional de Colombia, aspira a ocupar la Casa de Nariño. En el camino, ha acumulado tanto el cariño de las víctimas como el odio de los poderosos. La historia, esta vez, la escribirá el veredicto de las urnas.